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martes, 8 de noviembre de 2011

Grandes desde la cocina: Laura Esquivel

"...y es que la vida se puede resumir en un libro de recetas."
- Laura Esquivel -

 
 "La cebolla tiene que estar finamente picada. Les sugiero ponerse un pequeño trozo de cebolla en la mollera con el fin de evitar el molesto lagrimeo que se produce cuando uno la está cortando. Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces. Mamá decía que era porque yo soy igual de sensible a la cebolla que Tita, mi tía abuela." 

Como agua para chocolate (fragmento)

Esta escritora mexicana ha mostrado interés y preocupación por el tema de la cocina desde los inicios de su carrera literaria. En su novela Como agua para chocolate, centra la atención en la figura de la cocina como corazón de la casa y fuente inagotable de conocimiento; es en esa novela que nos muestra el efecto amoroso de saborear codornices con pétalos de rosa o cómo ayuda a la memoria un caldo de cola de res.
 Por su enigmática apelación a los sentidos, el éxito de esta historia de amor desde los fogones le valió su traducción a más de 30 idiomas y le hizo merecedora, en 1994, del Premio American Bookseller of the Year en Estados Unidos, primera novela extranjera en recibir dicho reconocimiento.

Para Laura Esquivel el sentido del gusto aunado a la experiencia culinaria, se presenta como fuente primigenia de conocimiento. Es la cocina el primer espacio de acercamiento al mundo, a la patria, a la familia, a la tradición y la cultura. En el pivote de este espacio es que por primera vez nos relacionamos con el mundo.


Como muchas escritoras, que al adentrarse en la literatura y el mundo intelectual flanqueado por figuras de conocimiento masculinas, relegó el espacio de la cocina y hasta se sintió apenada por aquellas mujeres que "tenían que pasarse la vida encerradas en la cocina". Laura Esquivel considera que este espacio ha sido devaluado y relegado por la importancia concedida a todo lo relacionado con el mundo masculino.

Al convertirse en madre, Laura Esquivel tuvo que reencontrarse con la cocina, no por obligación, sino por amor a su familia; y, no sin dificultades, logró reingresar a ese espacio que se sentía tan suyo, un espacio que reconoce como el más importante de la casa: "laboratorio alquímico dotado de poder regenerador y vía de conexión con el origen del ser humano y fuente de conocimiento por excelencia".


 Tanto en Como agua para chocolate, como en Íntimas suculencias, Laura Esquivel relata cada capítulo alrededor de recetas de cocina a través de las cuales se reafirma el poder transformador de la actividad culinaria. Además, la cocina se manifiesta como el conglomerado de los elementos que constituyen una cultura; la noción de pertenencia está íntimamente ligada a los productos de la tierra que se nos dan a conocer por vez primera en este espacio.

Así, Laura Esquivel reivindica el espacio de la cocina como un lugar para ser generosos y recuperar la humanidad; para recuperar el tiempo y las tradiciones; para aprender y dar a conocer; para cambiar el mundo desde adentro. Es así que se recuerda a sí misma enseñándole a su hija: "Una salsa que se respete se tiene que hacer en molcajete, no en licuadora porque pierde su sabor".

Te invitamos a leer Como agua para chocolate (1989) e Íntimas suculencias (1998) de Laura Esquivel.

Si quieres darle una hojeada te invitamos a leer un fragmento de Íntimas suculencias en el blog Vainilla y Canela.

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