Blog Noticias

------------------------------------------------------------

Busca en el Blog y las Noticias:

martes, 23 de agosto de 2011

Grandes desde la cocina: Sylvia Plath


El olor de los años quemándose, aquí en la cocina.
- Sylvia Plath
  
Para entender el arte de Sylvia Plath es necesario adentrarse en su cocina, y es que sin el drama doméstico y el enfrentamiento de roles, los frutos literarios de esta poeta estadounidense no podrían comprenderse de la misma manera.
Es natural para una mujer proveniente de una familia tradicional, adoptar el espacio de la cocina como el propio para una mujer, del mismo modo que un hombre adoptaría el despacho o el asiento del conductor. Pero para una mujer como Sylvia, intelectual y apasionada de las letras, no fue fácil que ambas facetas convivieran pacíficamente en una sola persona.

Por un lado encontraba un profundo placer y confort en crear y compartir platillos; la cocina le daba un espacio de distracción para alejarse de su rol de escritora, de las presiones familiares y de su empleo como profesora que la tenía insatisfecha y frustrada.
Por el otro, el espacio físico de la cocina era el recordatorio constante del rol de género que la sociedad demandaba de ella; la esposa complaciente, el ama de casa ideal, la madre dedicada y atenta.
El enfrentamiento de ambas facetas se fue agudizando con el paso de los años, y el testigo fiel de cada batalla fue su pluma:
En lugar de estudiar a Locke, o escribir, hago pie de manzana o estudio The Joy of Cooking, leyéndolo como una rara novela.
  
Fuera del dilema interno, Sylvia Plath realmente disfrutaba cocinar. Tenía un registro continuo de sus recetas y escribía gozosamente de sus postres y bocadillos, con la descripción precisa y la adjetivación improbable de su verso: “un buen hirviente café negro” o “lujosos luminosos higos verdes”.
Sin embargo, la intelectualización de la cocina estaba lejos de su tiempo y su imaginario cultural, por lo que siempre consideró este espacio más un escape que una extensión de su vocación.
Después de un viernes de cocinar, batiendo aceite amarillo y yemas amarillas para hacer mayonesa; azúcar y claras blancas para hacer merengue; y más y más; regreso a una especie de posición estoica: empezar de nuevo y escribir y leer por las tardes y al diablo con la playa un rato.

El espacio doméstico es el escenario primero para el drama de esta poeta, un dilema de identidad que enfrenta a la escritora con el ama de casa, a la madre con la mujer.
Poco a poco Sylvia Plath va despreciando más el rol doméstico y  las ataduras que este le supone, pero hasta su último día de vida conservó el buen apetito y el aprecio por la comida, planeando y cocinando diariamente.
Así, su calendario de 1962, su último año de vida, da cuenta de los platillos y postres que preparó diariamente. De este modo sabemos que un día antes de escribir Mary’s Song compró cordero; el día que escribió Medusa preparó pan de plátano con crema pastelera; budín de limón cuando Lady Lazarus; natilla, pan de plátano, pastel de manzana y salsa de manzana cuando escribió Fever 103 (todo el mismo día); y su especialidad, pastel de sopa de jitomate, el día que escribió Death & Co.

Las actividades culinarias nunca excluyeron a las artísticas, ambas convivían en el mismo calendario y en la misma mujer. El trasfondo tenía un tinte psicológico y feminista: mientras apreciaba y disfrutaba la gastronomía, Sylvia Plath rechazaba el rol tradicional femenino.
Su forma de incorporar la cocina a su vida, sin sentir que se adaptaba a los requerimientos sociales, fue adoptándola como un tipo de terapia, una forma de crear orden en un mundo caótico.


La última batalla de Sylvia se presenta como el enfrentamiento inevitable de ambas facetas de su vida. La mujer termina sofocada por la domesticidad y las exigencias sociales que, impretéritas, se levantan en su cocina, decide, pues, meter la cabeza al horno, apagar el piloto y respirar su muerte.
Es sólo tras este último acto, que la poeta sale a la luz con todo su esplendor. Es sólo después de este acto que se conoce la humanidad completa de Sylvia Plath: la mujer, la madre, la poeta, la cocinera...

0 comentarios:

Publicar un comentario