Blog Noticias Nosotros
------------------------------------------------------------

martes, 29 de junio de 2010

Receta: Chalupitas de lechuga con pollo y tamarindo

En esta ocasión les traemos una entrada fresca y ligera con un toque asiático. Rica, fácil de preparar y sólo te tomará diez minutos.


Ingredientes

  • Lechuga baby           3pz
  • Pechuga de pollo      300gr
  • Jícama                    150 gr
  • Pulpa de tamarindo  100 gr
  • Cilantro                   al gusto
  • Chile guajillo en hojuelas  al gusto
  • Sal, pimienta


Procedimiento:

Pica la jícama en cubos pequeños. Desinfecta y pica el cilantro finamente. Pica el pollo en cubos del mismo tamaño que la jícama. Separa las hojas de la lechuga, lávalas y desinféctalas.

En seguida agrega el pollo a un sartén caliente con aceite de ajonjolí, éste contribuirá con el gusto asiático de nuestra entrada, también puedes usar aceite de aguacate, de oliva, o si lo prefieres utiliza aceite vegetal. Una vez que el pollo haya perdido el color rosado, agrega la jícama para que se suavice y se impregne de todos los sabores.

A continuación agrega la pulpa de tamarindo y deja la preparación a fuego bajo para que se concentren los aromas, condimenta y deja reposar un par de minutos. Agrega a continuación las hojuelas de chile al gusto. Finalmente, cuando el pollo esté bien cocido, y la jícama este suave y dulce, agrega el cilantro picado y apaga el fuego.

Para montar el plato, sólo toma una hoja de lechuga y rellénala con la preparación. Puedes poner varias chalupitas de lechuga en una fuente, o servir dos o tres en un plato individual. En el primer caso pon la salsa a un costado para que tus invitados puedan servirse, en el segundo caso salsea cada plato de forma decorativa.


Recuerda que este plato se sirve en el momento pues no debe recalentarse una vez armados las chalupas. Es una buena opción para cualquier comida familiar e incluso para cenar ligero o para botanear. Puedes modificar el relleno y hacer muchas variaciones de las mismas, si lo haces recuerda mandarnos tus fotos.

viernes, 25 de junio de 2010

Así Sabe México: Barbacoa


Cuando pensamos en México, pensamos en una mezcla. Representamos el sincretismo de dos mundos. Durante los 400 años que siguieron a la conquista, una gigantesca cantidad de elementos desconocidos tocaron tierra por primera vez en el continente americano. Hablamos de una combinación de idiomas, de costumbres, de religiones, de ciencia, de filosofía, y también de flora y fauna. El continente viejo nos trajo los primeros caballos, vacas, cabras, la caña de azúcar, el arroz y el trigo.

Esta fusión y transculturización destacó enormemente por la incorporación de tres especies animales que vendrían a cambiar radicalmente las vidas de los indios que en este territorio radicaban: la oveja, el asno, y, más tarde, el cerdo.


El asno, animal de carga de centurias, relevó para siempre al tameme. De este modo permitió el más rápido desarrollo del comercio, disminuyendo los tiempos y costos del transporte de mercancías.

El borrego aportó lana para vestimenta, sebo para las velas, y lo más importante, desde luego, carne para alimento.


Aquí comienza el tema de hoy. De todas las maneras en que hemos cocinado la carne de borrego, ninguna es remotamente tan legendaria como la maravillosa barbacoa. Un método, mejor dicho ritual, que toma al menos un par de días, con pasos perfectamente definidos.


Originaria del centro del país, la barbacoa es un platillo de carne de borrego cocinada lentamente al vapor. En ocasiones se prepara también con otras carnes, como chivo, res y otras más. La barbacoa se prepara en un horno subterráneo, de entre uno a un metro y medio de profundidad. Y el proceso es algo así:

  1. Se debe hacer un hoyo en la tierra de alrededor de un metro de profundidad, por medio metro de diámetro.
  2. Éste se recubre hasta unos 20 centímetros con piedras o ladrillos. Preferentemente piedra de río.
  3. Un día antes, se prende un fuego en el interior del hoyo, con el fin de calentar las piedras hasta que estén al rojo vivo.
  4. Posteriormente se recubre el “horno” con pencas de maguey asadas. Éstas actuarán como aislante, y le darán ese sabor característico a la carne.
  5. Se coloca dentro del horno una olla grande, con agua, garbanzos, cebolla y chiles. Ésta puede llevar cerveza, pulque, zanahorias, y otros elementos, dependiendo de la región. Esto se convertirá en el delicioso elixir que conocemos como consomé de barbacoa.
  6. Sobre la olla se coloca una rejilla que sostendrá las piezas de borrego, que irán envueltas en más penca de maguey. Encima se coloca el estómago, relleno de las vísceras ya limpias y sazonadas. 
  7. Finalmente se tapa todo con las pencas de maguey y una capa de tierra. Se enciende un fuego sobre este horno y se deja toda la noche.

Horno de barbacoa ligeramente industrializado

Al día siguiente vemos la deliciosa recompensa de todo este ritual. La carne se retira y se sazona con sal de grano. Se sirve aún sobre las pencas. El consomé que se ha formado en la olla se acompaña con cebolla cruda y cilantro picado.

La barbacoa no se puede comer sin tortillas recién hechas, y su inigualable salsa borracha. Ya hemos hablado de ella en este blog, se prepara con chile pasilla y pulque, principalmente, de donde obtiene su nombre.

Sin duda la barbacoa es uno de los mejores ejemplos de las deliciosas tradiciones culinarias que se conservan casi intactas en nuestro país. Comer barbacoa es una fiesta. Esa expresión de celebración, de algarabía tan arraigada en nuestra cultura, que insta a “matar un borrego”, comanda la preparación de una buena barbacoa para celebrar como se debe.

Así que si se dan una vuelta por el centro del país no dejen de probarla.

martes, 22 de junio de 2010

Grandes Cocineros: Sor Juana Inés de la Cruz



Esta inspiradora mujer, que en pleno Siglo XVII reclamó su derecho a estudiar, a ser artífice de la palabra y de su propia vida; perseguida y aislada por sus desafiante filosofía y sus versos críticos de un patriarcado opresor; fue también una asidua cocinera, fascinada por las propiedades químicas de los alimentos y los feroces resultados de combinaciones ganadoras.

Claro que como monja, era natural que Sor Juana tuviese un encuentro cercano con la cocina, comenta al respecto la doctora Josefina Muriel:

“Todas las monjas se dedicaron con mayor o menor intensidad al arte culinario, poniendo interés en crear los mejores platillos para obsequiar a los bienhechores, alcanzar favores, agasajar a los obispos y recibir a los virreyes.”


Además de haber participado activamente en la recopilación, transcripción y reordenamiento del recetario del Convento de San Jerónimo, Sor Juana recopiló su propio recetario mismo que fue interpretado y editado por Guadalupe Pérez San Vicente y la doctora Josefina Muriel, de dicha colección se rescata no sólo su pasión gastronómica sino el testimonio de su creación culinaria y su afán de conservar dicha herencia cultural.

Sin embargo, es la Respuesta a Sor Filotea, el ensayo en el que más claramente podemos denotar la profunda filosofía gastronómica de Sor Juana, misma que no sólo se apropia del espacio de la cocina, sino que lo reivindica como un espacio de libertad e intelectualidad.

Debido a su actitud crítica e inquisitiva, Sor Juana debió pagar penitencia varias veces dejando los libros y la pluma a un lado, y tomando el cucharón. Este espacio de domesticidad femenina representaba orden y obediencia pero Sor Juana lo reclama como un lugar de conocimiento intelectual y aprendizaje.



En su Respuesta a Sor Filotea Sor Juana escribe:

"Pues ¿que os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y fríe en la manteca o el aceite y, por el contrario, se despedaza en el almíbar; ver que para que el azúcar se conserve fluida basta echarle una muy mínima parte de agua en que haya estado membrillo u otra fruta agria; ver que la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos, que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí y junto no. . . ".

La reivindicación de la cocina sucede porque ésta se convierte en un espacio de investigación; porque ese símbolo doméstico que representa se trastoca en experimentación, ciencia y reflexión. Así gratifica a la cocina cuando se refiere a Aristóteles:

"Bien dijo Lupercio Leonardo, que bien se puede filosofar y aderezar la cena. Y yo suelo decir viendo estas cosillas: Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito."



Según especialistas en la vida de Sor Juana, de las recetas que recopiló, más de 30 son de su autoría, así como sus versos, su cocina estaba llena de filosofía y aprendizaje, y sobre todo de una toma de espacios para el intelecto, una mujer que desde el S.XVII reivindica un espacio que con todo y el boom gastronómico español sigue necesitando una legitimización social, intelectual y cultural.


Si quieren acercarse más a la faceta culinaria de Sor Juana consulten:



Lavín, Mónica y Benítez Muro, Ana: Sor Juana en la cocina. Editorial Clío, México (Cocina virreinal novohispana, tomo IV), 2000.

viernes, 18 de junio de 2010

Receta: Crema Fría de Aguacate

Para este calor, no hay nada mejor que esta receta. Una simple sopa de aguacate con epazote, servida bien fría y con una rica guarnición.


Ingredientes:
  • Aguacate                  2 pz
  • Fondo de pollo         500ml
  • Crema para batir      250ml
  • Chile Serrano           2 pz (al gusto)
  • Epazote fresco         4-5 hojas
  • Sal, pimienta

Guarnición:
  • Queso Panela        100gr
  • Tortilla de maíz      3-4 pz
  • Epazote fresco
  • Aceite de maíz

Procedimiento:

Nos encantan las recetas simples, y ésta es un gran ejemplo. Para hacer la sopa, simplemente corten el aguacate en trozos groseros para que sea más fácil licuarlo. Limpien los chiles, quitando las venas y las semillas, y agréguenlo todo a la licuadora. Una vez que está todo licuado, rectifiquen la textura, si está muy espeso, pueden aligerarla con más fondo de pollo. Finalmente, corregimos el sazón con sal y pimienta recién molida. Cuando esté lista, la pasamos por un colador de malla fina.


Esta sopa viene de maravilla también si cambian el epazote por cilantro, no teman experimentar, así han nacido las mejores ideas.

Para la guarnición, corten algunos daditos de queso fresco o panela. Corten un par de tortillas en julianas y pónganlas a freír en abundante aceite, cuando estén doraditas y crujientes, retírenlas y déjenlas reposar sobre papel absorbente. Así eliminaremos el exceso de grasa.

Por último, en el mismo aceite, vamos a freír algunas hojitas de epazote, cilantro, o la hierba que hayan elegido para terminar la decoración.


Pueden servir la guarnición en el plato, de forma decorativa, y servirla en la mesa. Será un lindo detalle para con sus comensales.

Buen Provecho!

martes, 15 de junio de 2010

Reseña: Grano de sal y otros cristales

“La lengua o es una melindrosa nostálgica
o es una aveturera. Cuando nostálgica es
dogmática, provinciana y sedentaria:
aventurera, va en pos del sabor al garete,
ávida, nómada, curiosa.”

En esta ocasión quisimos abrir un espacio para la literatura gastronómica, otra fuente de tradición e historia, así como de fragmentos de los lugares más cotidianos de la gastronomía trasladados a la musicalidad del verso. El libro del que quiero platicarles es una de las más recientes publicaciones de Ediciones sin nombre en colaboración con la Universidad del Claustro de Sor Juana y fue escrito por el poeta, ensayista, crítico literario y gastrónomo autodidacta, Adolfo Castañón.



Las reminiscencias institucionales que este literato mexicano puede provocar en primera instancia, quedan detrás de la cabeza al abrir este libro, que va de cualquier lugar cotidiano; a los olores más sublimes; a los sabores más atesorados; a las costumbres más enraizadas; a los secretos ancestrales de nuestra cultura.

“¿Cuántos secretos de nuestra mustia
historia no están condensados en la fusión
mulata del café de olla con sus alianzas orientales?”

Una combinación de exquisitez cotidiana y poesía eficaz, nos llevan por un paseo entre la identidad gastronómica de una nación, su trasfondo histórico, y un sutil pero completo recetario que nos adentra en una gran cocina, llena de olores, sabores, texturas y regiones que conforman un verdadero viaje gastronómico.

“ […] alcanza una de sus formas más
refinadas en el mixiote, carne cocida
al vapor en hornos subterráneos y envuelta
en hojas de maguey cuyas membranas sacrifica
precisamente el nombre.”

Este libro no sólo es rima y lírica, en realidad se trata de poemas de verso libre, donde la prosa tiene un papel importante, a pesar de tener un vocabulario riquísimo el libro es accesible y fácil de leer, con párrafos cortos en cada hoja, la vista no se cansa y se digiere fácilmente.

El retrato que se hace de la cultura del comer actual del mexicano es fidedigna y cómplice del lector, quien comparte con el autor usos y costumbres, generando un diálogo que puede trasladarse fuera del papel.

“México es un país donde la gente come
al aire libre.
[…]
Muy de mañana, en la ciudad vacía,
Le madrugamos al hambre en pie de
guerra con atoles y tamales.”

No sólo se muestra un retrato social y cultural, sino un amor profundo por ese país de gente que come de pie, con las manos, al aire libre, y no sólo eso, un país en el que el plato, la tortilla, también se come. Desde el caldo que da sostén, hasta el perejil que corona los platos, la gastronomía descrita por Castañón penetra la vida entera, el despertar, el trabajo, el amor, el sexo, la identidad.. todo cabe en una hoja entintada, en un grano de sal.

Los dejo con algunos de los versos finales del libro:


“El mal sexo es como harina
cruda; el bueno siempre es recalentado.

Si un hombre y una mujer preparan juntos
una comida, al terminar pueden prescindir
de comer y copular. Pero, si no la han
preparado juntos, pueden entonces
comer y copular porque de todos modos
nunca estarán satisfechos.


Hay que comer los frutos en temporada;
La carne, en fuego.”

viernes, 11 de junio de 2010

Así Sabe México: Maíz


Uno de los prodigios botánicos más intrigantes y alrededor de los cuales se ha especulado, investigado y estudiado a profundidad es el maíz. Esta planta gramínea anual, originaria de América, fue introducida en Europa a mediados del siglo XVI, recibida negativamente como una solución para la hambruna, como en un principio se hizo con la papa, creció una cultura negativa alrededor de su grano y la harina que de él se producía.

Sin embargo, la cultura gastronómica gestada en América a base de este grano así como sus propiedades nutricionales, además de su temprana domesticación e intrigante evolución han puesto sobre este producto los ojos del mundo entero.


El maíz es un alimento altamente nutritivo, que tiene un alto contenido de carbohidratos, magnesio, propiedades diuréticas, fibra y proteínas en menor proporción, así como antioxidantes y vitaminas del grupo B. A su introducción en Europa se creó toda una mitología a su alrededor que lo clasificaba como una alimento venenoso, duro, de mal sabor y apto únicamente para alimentar animales.

Hoy sabemos que aunque la harina de trigo es mucho más tersa y proporciona una textura y consistencia más suaves, el contenido nutricional del maíz es superior, y el rendimiento por hectárea de plantío de maíz es aproximadamente 30% mayor al del trigo, de modo que si bien no son ingredientes sustituibles desde el punto de vista gastronómico, es verdad que el pan llena y la tortilla nutre.


Uno de los aspectos primordiales que han puesto los ojos tanto de biólogos, arqueólogos, antropólogos y botánicos sobre este producto es la domesticación temprana y la asombrosa evolución del maíz a través de los siglos, ya que, hasta donde la evidencia puede decirnos, el maíz, tal y como lo conocemos hoy, fue prodigio del hombre.

En un inicio el maíz, era una especie de vaina de apenas 8cm de largo aproximadamente y 1cm de diámetro, esta planta carecía de olote y contenía a lo mucho 15 granos, un desconocido e intrigante proceso de domesticación, injertos y manipulación genética fueron potencializando las características del maíz, no sólo creando una planta capaz de crecer fuerte y grande rápidamente, sino creando miles de especies de maíz producto de la experimentación, de las cuales se conservan más de 500.





El maíz, al ser una planta completamente domesticada, monoica, es decir que sus flores hembra y macho se encuentran en la misma planta sin ser hermafrodita, requiere de la mano del hombre para su reproducción, si no hubiesen hombres que la trabajaran, el maíz desaparecería por completo. Esta relación codependiente y simbólica generó alrededor de la planta un culto importante, en primer lugar como figura de fertilidad tanto femenina como masculina, en segundo lugar como sustento y en tercer lugar como deidad por las características antes señaladas.


El maíz también ha jugado un papel medular en las investigaciones arqueológicas de Mesoamérica, ya que la evidencia de restos de olotes con más de 8,700 años de antigüedad indican la existencia de una civilización sedentaria y con conocimientos de agricultura sumamente avanzados, hecho que rompió con la estructura temporal de los periodos prehistóricos de la zona.

Además, la base alimenticia que se ha generado gracias al maíz es amplísima y la cultura gastronómica a su alrededor se centra no sólo en México sino en toda América, especialmente en el centro y sur.



Sólo por nombrar algunos alimentos derivados del maíz, recordemos la tortilla, los tlacoyos, tamales, tacos, arepas, corundas, atole, chileatole, sopes, huaraches, pozole, tortitas, caldos, palomitas (que fue uno de los primeros usos que se le dio al grano), pinole, espesante, entre otros menos comunes.

Así el maíz ha permeado nuestra cultura, desde la boca hasta el espíritu, ya que si recordamos las investigaciones de Salvador Novo, veremos que nuestros antepasados mexicas comulgaban con tamales en lugar de hostias, y en los grandes banquetes de Moctezuma las tortillas y los pozoles no se hacían esperar.



El maíz, alimento denominador de nuestra cocina “callejera” y miembro necesario de la nueva cocina mexicana y latinoamericana, adquiere otro significado una vez que conocemos su historia y su legado.

Esperen nuevas ediciones de Así Sabe México y no olviden que nuestro mail es contacto@lienzoculinario.com.

martes, 8 de junio de 2010

Receta: Natilla de Chile Poblano

Volvemos a la normalidad, y qué mejor que una receta mexicana de vanguardia, simple y elegante para comenzar el mes.

Ésta receta los asombrará, es un postre delicioso, con sabores familiares llevados a nuevos extremos. La natilla va acompañada de elote caramelizado y rajas de chile poblano en almíbar.



Ingredientes:
  • Chile Poblano        1 ½ piezas
  • Leche                   750ml
  • Yema de Huevo     6 piezas
  • Azúcar                  150gr
  • Maicena                25gr
Guarnición:
  • Elote Dulce         100gr
  • Chile Poblano       1pz
  • Mantequilla
  • Azúcar               150gr

Procedimiento:

Lo primero será escalfar los chiles. La mejor manera de hacerlo es colocándolos directamente sobre el fuego de su estufa, déjenlos ahí hasta que la piel se queme y se ponga negra. Con unas pinzas vayan dándoles vuelta hasta que toda la piel se haya quemado. Cuando estén listos, los vamos a colocar dentro de una bolsa de plástico cerrada y los dejaremos “sudar” unos 5 minutos. Esto es para que la piel se termine de despegar sola lo más posible. Pasado este tiempo los sacamos de la bolsa y terminamos de pelar la piel quemada. Deben quedar tiernos, por el tiempo que estuvieron en el fuego. Finalmente los cortamos en tiras y retiramos las venas y las semillas para dejarlos listos.

Entonces tomaremos un chile y medio y lo licuaremos bien con la leche, lo pasaremos por un colador fino y lo dejaremos en el fuego hasta que hierva.

Mientras tanto vamos a mezclar las yemas de huevo con el azúcar y la maicena en un tazón, y batiremos vigorosamente con un globo hasta que la preparación se vuelva de un amarillo pálido. A ésta técnica la llamamos “blanquear la yemas”, y normalmente se realiza con azúcar.

Cuando la leche haya hervido la retiramos del fuego, y ahora debemos mezclarla con las yemas blanqueadas. Cuando vamos a mezclar el huevo con un líquido caliente, éste se puede cocinar y formar grumos. Para evitar esto, realizamos la técnica de “temperado”. Esto es tomar una pequeña parte del líquido caliente, en este caso leche, y mezclarla con el huevo, poco a poco. Cuando el huevo haya tomado temperatura, entonces sí podemos verterlo todo sobre el líquido caliente.

Dejamos la preparación a fuego bajo por unos 5 minutos, o hasta que espese y tenga la consistencia adecuada. Cuando esté, reservamos en el refrigerador.

Hasta aquí ya tenemos lista la natilla, pasemos a la guarnición. Primero el chile poblano en almíbar. Simplemente cortaremos una pieza de chile ya escalfado en julianas (bastones de unos 5cm de largo por medio de ancho) y los pondremos a hervir con agua y 100 gr de azúcar. Dejaremos reducir a fuego alto hasta que se haya evaporado el 80% del agua y los chiles estén bien tiernos. El resultado es asombroso, tienen que probarlo.

Por último saltearemos el elote dulce (pueden usar el que venden en lata) con un poco de mantequilla y 50 gr azúcar hasta que quede bien  caramelizado.


Finalmente debemos montar el plato. En el fondo de un ramekin (o una cazuela pequeña de barro, para más folclor) colocaremos un poco de elote caramelizado y unas rajas de chile en almíbar. Rellenaremos con la natilla hasta el borde y espolvorearemos con azúcar toda la superficie. Caramelizaremos el azúcar para darle una vista muy bonita y una textura crujiente. Para esto pueden usar un soplete de cocina, pero si no lo tienen, les recomiendo que utilicen una simple cuchara. Colóquenla directamente al fuego de la estufa, durante un par de minutos hasta que esté bien caliente. Entonces presionen levemente sobre el azúcar con la cuchara caliente y ésta se quemara inmediatamente.

Por último, decoramos con un poco de chile en almíbar y elotes caramelizados.

Vayan a la cocina y complazcan a sus amigos con este delicioso postre, no se van a arrepentir. Garantía Lienzo Culinario.

viernes, 4 de junio de 2010

Grandes Cocineros: Mikel Alonso



Alumno de Juan Marí Arzak, copropietario de Biko, uno de los 100 mejores restaurantes del mundo según la guía de San Pellegrino, y uno de los más reconocidos Chefs contemporáneos, hace aparición en la escena gastronómica mexicana con algunos tropiezos pero con mucha pasión por su trabajo, sin embargo este exitoso cocinero, de origen vasco, no siempre tuvo los ojos puestos en la cocina.

Saliendo del Instituto, el joven Mikel Alonso estaba desorientado y aún no tenía una idea clara del trayecto de su carrera, decidió estudiar Ingeniería Química porque le gustaba, pero nunca logró apasionarse por ella, a los 24 años descubrió la gastronomía y con el apoyo de sus padres, dejó sus estudios previos e ingresó a una de las mejores escuelas de gastronomía de la región, la escuela de Luis Irizar, el padre de la cocina vasca.


Terminando sus estudios tuvo la oportunidad de trabajar en México como Chef Ejecutivo, decisión que en el momento le pareció su peor error, pues confiesa no haber estado preparado para tomar el mando de una cocina. Sin embargo, hoy dice que fue lo mejor que pudo pasarle ya que lo trajo a México y le dio la oportunidad de trabajar con uno de los mejores cocineros del mundo: Juan Marí Arzak.

Arzak estaba buscando dos Chefs para su restaurante mexicano Tezka, Mikel Alonso y Bruno Oteiza, su actual socio en Biko, fueron los elegidos. Con el apoyo y la asesoría de Arzak se formaron en una escuela que trabaja al estilo europeo inmersa en un ambiente y a base de ingredientes mexicanos.


Cordero encaminado

Mikel cuenta que fue Arzak quién les enseñó las lecciones más valiosas de su carrera: saber cocinar, ser libres para seguir su propia filosofía, consistentes, perseverantes, constantes, tratar bien a la gente, estar conscientes de que el restaurante no eres tú, y servir amor en cada plato. Estas lecciones son pilar fundamental de Biko y una de las razones, según Mikel, que los han posicionado entre uno de los mejores restaurantes del mundo.

Arzak también le enseñó a ser moderno: “Una cosa curiosa, ¿no? Un tío de 60 años diciéndome: “Soy rock’n’roll, soy hard.rocker”. Gracias a Arzak en la cocina me siento un rockero. Él me enseñó lo más importante que tiene la cocina para crecer y evolucionar: la libertad. Eso sí después de haber mamado todas las bases.” Cuenta Mikel Alonso.

Ensalada escuadrada de camarón

La cocina de Biko se sienta sobre las bases de la cocina vasca, cuyos pilares son la identidad, la técnica y el producto, ésta se combina armoniosamente con la mexicana, en primer lugar a través de los ingredientes, en segundo, a través de los paladares vascos que se han sumergido en el paladar mexicano. Biko trae a la mesa una cocina fusión vasca y mexicana, con las tradiciones de ambas como base y las nuevas tendencias a flor de piel.

Arroz con leche

El Chef vasco ve la nueva cocina mexicana llena de juventud y libertad de filosofía, cree en los cambios que vienen y en el futuro gastronómico de México, subraya la importancia de unirse con los demás cocineros contemporáneos, ya que las nuevas tendencias que han surgido no son las tendencias de un Chef, sino de un país y la generación que lleva las riendas de este avance.

Interior de Biko

Lo más importante para este Chef ejemplar es presentar una cocina honesta y libre cargada de trabajo y de pasión, un trabajo de muchas horas todos los días que no da frutos sino hasta muchos años después, de ahí la importancia de perseverar y ser consistentes.

Mikel Alonso se nos presenta como un Chef innovador y moderno, un hombre apasionado y entregado que no sólo ha adoptado a México sino que se ha comprometido con él hasta la médula, un socio leal y amigable consciente de cada miembro de su equipo y un alumno agradecido de las lecciones que después de tantos años de trabajo dejan frutos y la mejor recompensa que se obtiene en la satisfacción de sus comensales.

Para conocer más sobre Mikel Alonso y Biko visita:

http://www.biko.com.mx/

martes, 1 de junio de 2010

Reseña: Charro


Del chef creador de Paxia, Daniel Ovadía, llega la nueva forma de disfrutar la cocina mexicana: Charro. En Charro todo es un deleite. Desde el momento en que uno entra al restaurante comienza la celebración, una hermosa decoración de flores siemprevivas nos cobija en todo el techo del lugar, combinado con piezas tanto minimalistas, como folclóricas. Con música ranchera y de mariachi en vivo nos envolvemos en el ambiente que venimos a buscar. El personal lleva unos elegantes trajes de charro, y nos cautivan con un servicio inigualable.


Comencemos el viaje gastronómico. Un refrescante trago es primordial para comenzar una buena comida, una bien seleccionada carta de tequilas, mezcales artesanales y vinos les abrirá el apetito. Además podrán elegir de una amplia variedad de cocteles, margaritas, mezcalitas y martinis. Nuestras recomendaciones personales son el Martini Macho, con tequila, pepino, hierbabuena y chile verde; y el de Lima y Habanero, con licor de Lima, Ron de Limón y un toque de picante.  Deliciosos, preparados en la mesa.


Siguiendo con una buena costumbre del Chef Ovadía en Paxia, les obsequiarán una pequeña entrada de cortesía, en nuestro caso fueron unas mini-gorditas de chicharrón prensado de pollo. Es en estos detalles en los que podemos apreciar el cuidado y amor que ha puesto el chef en cada uno de sus restaurantes.


Ahora vienen las entradas. Les aseguro que les tomará tiempo decidir cuál de las deliciosas botanas van a elegir, y probablemente terminen ordenando más de una. Tortitas ahogadas, quesadillas, aguachile, tacos de rib eye… Todo es suculento, pero si aceptan una sugerencia, creo que no pueden dejar de probar los tacos de tuétano al horno, con su salsa borracha, y las tortitas ahogadas.


Siguiente tiempo, ensaladas y sopas. En éste tiempo en donde más se puede sentir el arraigo a la tradición. Sopa de tortilla, fideo seco, sopa de frijol, son deliciosos exponentes. Y si a ustedes les gusta experimentar, tendrán excelentes opciones también: La sopa capuchino de alcachofa es despampanante. Se sirve en la mesa con una guarnición de crema batida, de modo que al servirla, todo el plato queda cubierto de una linda espuma blanca, de ahí su nombre. Además están la ensalada de nopal y pulpo y la ensalada de hilos de queso Oaxaca, geniales.


Entonces vienen los platos fuertes. Perfectamente acordes a la propuesta que nos hace el chef con el resto de los elementos. Encontrarán tanta tradición como innovación. Una excelente opción son las enchiladas de pato en pipián verde, una ejecución perfecta, el mole desprende un aroma profundo y delicioso. Otras recomendaciones son el atún sellado, acompañado de maíz enchilado, y los camarones con amaranto. Éstos últimos son una combinación de amaranto endulzado, con un mole de tamarindo y el mejor puré de camote que van a encontrar en este país. Simplemente perfecto.


Finalmente llegamos a los postres. La recomendación de la casa será el ya famoso Martini de chocolate, sin duda una estrella. Pero no podemos olvidar otras excelentes propuestas, como el fondant de chocolate abuelita, o los buñuelos de cajeta. El fondant consta de un pastelito caliente con el centro líquido, su aroma a canela los llevará de viaje a otros tiempos.


Finalmente, y como despedida, otro detalle de cortesía, nos sirvieron un par de totopos de maíz cubiertos de chocolate, con un toque de chile piquín. Es asombrosa la combinación que han descubierto aquí, es algo mágico.

Sin duda, el Chef Ovadía nos demuestra de nuevo que se ha erguido como uno de los más grandes restaurateurs del país, combinando todos los elementos para convertir una comida en una fiesta única.

No dejen de visitar Charro, será una experiencia que querrán revivir cada día.

Calificación:

Precio promedio por persona: $450

Ubicación:
Vicente Suárez 38
Col. Hipódromo Condesa